Escena extra - Todo se transforma
Todo se transforma siempre estuvo destinado a ser una historia corta. Desde muy temprano nos enteramos que algo pasa entre Pick y JP, y que hubo una crisis con Martín, pero...¿Qué fue realmente lo que pasó? Es un placer compartirles el que habría sido el primer capítulo de Todo se transforma, que no sobrevivió al borrador de mi editor.


1
Esa noche
La luz de la habitación se enciende de golpe, y JP se separa de un salto de los labios de…..¿Cuál era su nombre?
Como-se-llame sube apresuradamente la parte de arriba de su vestido sobre sus pechos desnudos, aunque sus manos son torpes y lentas porque ambos llevan encima una buena borrachera, y la excitación residual no ayuda mucho a la velocidad de sus reflejos.
JP, que en algún punto del viaje entre el primer piso del hotel y su habitación en el decimosegundo perdió su camisa, se pasa la lengua distraídamente por el labio inferior y se cruza de brazos de manera indolente, mientras sus ojos se cruzan con los de ella en una batalla que ya se está volviendo agotadora y sin sentido, pero por supuesto que no va a ser él quien dé su brazo a torcer.
Pick está sentada en el borde de su cama King size, mirándolos con una pose de desinterés que está seguro que como-se-llame debe creerle, pero él no lo hace ni por un segundo, porque ese fuego en sus ojos no lo engaña.
A él se le seca la boca cuando la ve ponerse de pie, ofreciéndole un vistazo privilegiado del vestido de noche azul petróleo que lleva puesto y se ata a la parte de atrás de su cuello con un cordón delgado que deja su espalda descubierta, enseñando el tatuaje con las efes de un violín que tiene en la espalda baja y con el que él está desafortunadamente familiarizado hasta el punto en el que se ha vuelto su perdición.
- Buenas noches, Sasha – Anuncia Pick a modo de saludo, y abre la puerta gentilmente para como-se-llame, que está observando toda la interacción con una expresión a medio camino entre la ofensa y la sorpresa.
- Pero… - Balbucea Sasha con su voz suavemente acentuada que en realidad fue lo que hizo que JP se distrajera lo suficiente para llegar a este punto.
- Buenas noches – Reitera Pick enfáticamente y le señala la puerta.
Él se da cuenta del momento exacto en el que Sasha lo mira, como esperando que detenga el asunto, pero la cuestión es que si Polaroid se ha hecho un nombre en el circuito artístico internacional, tampoco existe un alma que no reconozca el nombre de Valeria Martínez, su mánager; así que Sasha ni siquiera puede soltar el quién demonios es esta que le daría todo el drama telenovelesco al encuentro, porque claro que sabe quién es, y claro que sabe por qué está en la habitación de él.
La Bienal del Sur es algo así como los Oscar del arte contemporáneo, y tanto JP como Sasha saben que han dado un show bastante jugoso para la prensa en la gala de esta noche que no tenía nada que ver con el trabajo artístico de ninguno de los dos, así que no tiene nada de raro encontrarse con un mánager enojado para este punto de la noche.
- Te llamo – Le susurra JP a Sasha en el tono más bajo posible.
Ve como la ceja de Pick sale disparada hacia arriba, pero se abstiene de hacer ningún comentario, y simplemente apunta hacia afuera nuevamente, como si le indicara el camino a Sasha.
Aunque la artista es una bomba con un cuerpo lleno de curvas y un pelo rubio rizado y salvaje, esta noche vestida con algo que en realidad es un pañuelo enorme pero que ella ha envuelto alrededor de su cuerpo de la manera artística y bohemia que a él le gusta en una mujer, sus ojos se distraen de verla irse y regresan hacia Pick; que está allí parada sobre unos zapatos de tacón kilométricos, con el pelo castaño oscuro largo hacia la cintura y estilizado de forma elegante en una coleta alta que la hacen parecer elegante, sofisticada y un poco fría.
No tiene ni una de las cosas que a él podrían remotamente gustarle en una mujer.
Y aún así….
Sus ojos se encuentran, y a él le empiezan a picar los dedos por el deseo irrefrenable de replicar ese color dorado de los irises de ella, que le recuerdan al tequila reposado, y aunque ha intentado mezclar café con ámbar y dorado en todas las proporciones posibles, ninguna mezcla parece exacta.
Aunque él definitivamente no lo quiere y ella tampoco, su conexión es tan eléctrica que excluye al resto del mundo, e incluso a pesar de la borrachera, Sasha lo siente.
Susurra algo entre dientes que ninguno de los dos se molesta por entender y sale dando un portazo que finalmente rompe el hechizo lo suficiente para que Pick se espabile.
- Esta cosa de gigoló que estás haciendo se está volviendo un trabajo de tiempo completo para mí, y normalmente no me importaría si la prensa estuviera hablando de tu arte tanto como hablan de que no puedes mantener los pantalones puestos. Esto dura 5 días, hijo de puta. 5 días. Elige una sola de tus putas y quédate con esa por 5 malditos días.
- ¿Estás interesada en la vacante? – Pregunta él, subiendo las cejas juguetonamente.
Considerando que él mide casi 1.90 y ella es 30 cm más pequeña y considerablemente más menuda, es remarcable que esa mirada fulminante que le lanza logre hacerlo sentir como un insecto.
- Crece de una vez – Farfulla ella y rueda los ojos.
Vino acá a entregar un punto.
A dejar claro que poner a Polaroid, el colectivo de arte contemporáneo que conforma JP con sus amigos de toda la vida, Simón y Martín; en la Bienal del Sur, es su logro profesional más grande a la fecha, y también la oportunidad de ellos para codearse con los artistas contemporáneos de alta alcurnia que solían mirarlos por encima del hombro por su estilo callejero.
Cuando arrancaron en Bogotá haciendo graffittis en la calle y su obra llamó tanto la atención que empezaron a atraer público a sus pintadas, y poco a poco fueron expandiéndose a otros estilos, él sobre todo a la escultura, Simón a la ilustración y Martín a la pintura convencional al óleo; aunque todos interactuaban un poco con lo de todos, lo que hacía que su estilo ecléctico y urbano rompiera esquemas y entregara mensajes sociales y políticos contundentes que les dieron reconocimiento en su ciudad, nunca pensaron que llegarían hasta acá.
El trabajo incansable de Pick como promotora fue lo que los trajo hasta la Bienal del Sur, y se ocupó de llenar esta semana de muestras, presentaciones y clases para que el nombre de Polaroid deje una huella en este maldito evento, y la huella no debería ser la que están dejando.
Tiene una ristra de regaños y palabras ofensivas en la punta de la lengua, pero es difícil mantener toda la fuerza de su indignación porque él es tan alto e imponente que le resulta imposible concentrarse en su presencia. Que tenga esa boca remilgada de puchero como si fuera un bebé enfurruñado definitivamente no ayuda, porque ella recuerda con absoluta claridad lo suaves que son esos labios rosados que casi serían femeninos si no tuviera esa nariz demasiado grande para su cara y se mentón cubierto de una barba prematuramente encanecida que lo hace masculino de una manera a la que a ella le cuesta cada vez más resistirse, aunque claro que tiene que hacerlo.
O eso se dice a sí misma, pero la realidad es que está agotada y no tiene armas para oponerse a esa masculinidad salvaje, y le molesta muchísimo sentirse tan atraída por un hombre que hace 5 segundos estaba besando apasionadamente a otra mujer.
Para ser precisos, una artística, bohemia, desordenada y chic, justo como él.
Justo como ella no es, y está muy orgullosa de eso.
Así que, como no puede manejarlo, y su misión llegaba hasta ponerlo en su habitación y que se fuera a su maldita cama para todos los eventos programados para el día siguiente, asiente una sola vez sin mirarlo y pone su mano en el pomo de la puerta.
- ¿Qué pasa, Val?, ¿Ni siquiera se puede quedar conmigo el tiempo suficiente para regañarme como Dios manda?
Ella frena en seco en contra de sí misma, porque lo conoce lo suficiente para saber que es un provocador y no debería caer, pero todo acerca de esa declaración hace que le rechinen los dientes.
Que la llame Val, en lugar de Pick, como lo hace todo el mundo. O que implique que ni siquiera puede estar cerca de él para hacer su trabajo como es debido, porque si hay algo que sabe hacer perfectamente es mantener las cosas separadas.
- No me voy a quedar contigo porque no me quiero quedar contigo – Corrige ella – Y no te regaño porque tengo problemas peores, pero claro que no lo sabes porque te la pasas borracho.
Él hace una mueca, porque sabe que se le está saliendo de control ligeramente el tema de la bebida, pero también entiende que está alcanzando la fama y lo que siempre quiso, ¿y esto no es justamente lo que hacen los artistas famosos?
Pero sabe que replicar eso lo haría sonar como un completo imbécil, y dirá lo que sea y tratará de olvidarla metiéndose en la cama con la que sea, pero claro que no puede ser inmune a las líneas de cansancio que oscurecen su rostro dulce que sería casi aniñado si esa mirada gitana y sensual no la hicieran tan demoledoramente hermosa.
Ve su propia mano levantarse como si tuviera vida propia cuando sube y acuna la mejilla de ella. Debería sorprenderle que ella no lo aparte, pero en realidad no es una sorpresa para ninguno de los dos, porque ambos siguen en ese maldito juego tóxico de encontrar cualquier excusa para tocarse.
- ¿Qué pasa? – Le dice en voz baja.
Ella cierra los ojos un segundo y se permite acurrucarse en esa mano tosca y enorme de él por un segundo. Es tan menuda y él tan grande que su rostro casi se pierde en la mano de él, y por un segundo se permite recordar como se sintió perderse en el centro de su abrazo y lo cálido que parecía el mundo cuando estaba cerquita de él.
- Estoy preocupada por Martín – Responde ella, igualmente en un susurro.
- ¿Me quieres contar?
Ella abre los ojos y lo mira.
Su expresión es suave y dulce, ya sin esa máscara de artista rockstar que se ha vuelto su mecanismo de defensa desde que ella le rompió el corazón y su única brillante idea fue rompérselo de vuelta tantas veces que ya no se supiera quién lastimaba a quién; y para el ojo distraído de todos a su alrededor básicamente se odiaban y hacían imposible el ambiente laboral, si no fuera porque estos momentos seguían pasando.
Una y otra vez, siempre que estaban a solas, la máscara parecía caer, al menos por un momento.
Ella lo deja hace cuando la mano de él se desliza desde su mejilla a lo largo de su brazo hasta llegar a su mano. Entrelaza sus dedos con dulzura, y tira de ella suavemente hacia el interior de la habitación.
Ella recuerda vívidamente que esa noche le permitió guiarla justo así, aunque en esa ocasión estaba sonriendo. Hoy tiene el pelo castaño revuelto por los dedos de otra, y le ha crecido tanto que ya debería sostenérselo en una coleta, aunque ahora mismo lo lleva suelto y alborotado, y ella quiere con todas sus fuerzas estar enojada con él, pero nunca puede, así que lo sigue hasta que la lleva al borde de la cama y se sienta a su lado.
Ella da un respingo cuando él la mueve, acomodándola lo suficiente para subir su pie derecho a la cama. Sin preguntar, le quita la sandalia dorada de tacón y empieza a masajearle la planta del pie. Junta sus pulgares en el centro del pie de ella, y a Pick se le escapa un suspiro de satisfacción en contra de su voluntad.
Él le devuelve esa mirada cargada y sensual, y en contra de sí misma, ella sonríe.
- Guárdatelo – Se le adelanta.
- No he dicho una palabra – Le responde él, con esa sonrisa malvada todavía en los labios.
- Si esto del arte deja de funcionar, definitivamente tienes futuro como masajista – Comenta ella como para cambiar de tema.
- Soy muy talentoso con las manos, tú deberías saberlo – Comenta él, y ella por poco se traga su lengua. Luego la mira con esos ojos del color del chocolate fundido y le da su sonrisa de niño bueno – Siendo mi agente, y todo eso – Complementa con dulzura
- Claro – Suspira ella, aunque decide no darle más cuerda al asunto.
Él trabaja con gentileza sobre sus pie dolorido por todas las horas que lleva con los tacones puestos, y aunque debería ser más incómodo estar en esa posición con él, sobre todo porque sabe que ha estado bebiendo y no está en sus 5 sentidos, así y todo se siente bien estar en silencio a su lado.
- ¿Me dirás qué te preocupa? – Pregunta él luego de un rato.
- Martín – Responde ella suavemente - ¿No sientes que está un poco fuera de control?
JP se muerde el labio inferior, porque esa es una respuesta difícil de elaborar considerando su propia posición.
La fama ha llegado y era todo lo que ellos querían, y le parece perfectamente normal que haya un poco de fiesta y un poco de coca aquí y allá. Está de fiesta con Martín con mucha frecuencia y podría estar de acuerdo en que últimamente ha estado abusando de las rayas, pero se siente un hipócrita diciendo eso en voz alta y echando a Martín a las vías del tren frente a Pick, cuando Martín por lo menos vuelve a su habitación juiciosamente con Andy todas las noches, mientras que él….
- ¿Así lo ves tú? – Devuelve evasivamente, y toma el otro pie de Pick para continuar con su masaje.
- Siento que no es solo la fiesta, que ya es bastante, sino….No lo sé. Siento que está triste todo el tiempo.
- ¿Me estás diciendo que ese tipo que es el alma de la fiesta, te parece triste? – Recapitula JP, y ella se encoge de hombros.
- No sé explicarlo. Es como si no fuera el mismo.
- Nos trajiste a la maldita Bienal del Sur, Val. Todos estamos un poco fuera de nosotros mismos.
- ¿Qué hay de ti?
- ¿De mí? Estoy bien – Responde él rápidamente.
Ella se inclina en su dirección y le pone dos dedos bajo el mentón para que la mire a los ojos. Él solo la deja hacer porque su piel parece cosquillear allí donde ella lo toca, como si toda la energía de su cuerpo se hubiese concentrado en ese único punto.
Los ojos de ella lo examinan durante un momento y él no sabe que está viendo y le da igual, porque ser mirado por ella hace que todo su cuerpo se sienta vivo.
- ¿Qué tanto bebiste?
- Un par de copas – Responde él evasivamente.
- Eso me asusta – Comenta ella, y aprovecha para dejar una caricia distraída en la mejilla de él.
- ¿Qué cosa?
- El modo en que mientes. El modo en que logras beber un montón, pero no parecer borracho nunca. Mi plato está lleno con Martín, ¿debería estar preocupada también por ti?
- Estaba en un cóctel con los otros artistas que se presentan en la Bienal. En los cócteles uno va a beber algo. No tienes que preocuparte por nada.
- Ya – Susurra ella sin mucha convicción.
Se queda mirando la forma en la que él le masajea los pies doloridos, como si supiera lo agotada que está aún si ella no se lo dijo. Sabe que ha hecho un trabajo sublime con su maquillaje para ocultar las líneas de cansancio de su rostro, pero aún así, él lo sabe.
La verdad que se siente demasiado avergonzada para decirle le cosquillea en la punta de la lengua sin razón alguna, porque nada acerca de su realidad ha cambiado, y sabe que ese deseo incontrolable de decírselo todo se debe a la sensación de su piel cuando la toca, que parece capaz de desenfocar el resto de la realidad.
Él levanta la mirada y le da una sonrisa distraída, sin tener la menor idea de la manera en que la derrite.
- Oye – Lo llama inútilmente, porque él ya está mirándola.
- ¿Qué?
- He estado buscando el momento para decirte que lo siento.
- ¿Lo sientes?
- Por….esa noche – Susurra ella suavemente, y él ve con deleite como la mujer más poderosa e imponente que conoce se sonroja como una niña.
Él aprieta los labios y baja la mirada hacia el pie de ella.
Tiene las uñas pulcramente pintadas con el estilo francés, formando óvalos perfectos, y por un momento le molesta un poco que todo acerca de ella esté siempre tan ordenado y en su sitio, como si nunca nada pudiera alterarla.
Aunque él sabe que eso no es cierto, porque probablemente ha sido una de las pocas personas que la ha visto perder el control, solo que no del todo.
Malditamente nunca del todo.
- Estábamos borrachos. No pasó nada – Lo desestima él.
- ¿Nada? – Verifica ella.
Tiene razón en que él es un gran mentiroso, principalmente porque el hijo de una pulcra familia de médicos tuvo que decir muchas mentiras en el camino de convertirse en artista, porque ni en sus sueños más salvajes se habría imaginado que ese acto de rebeldía lo traería a la Bienal del Sur, y cuando decidió hacer justo lo que quería estaba preparado para un camino humilde pero libre, muy diferente del entorno en el que creció.
Ese que ella elige cada día y que cultiva activamente, porque a diferencia de él, le importa muchísimo pertenecer.
Que sean tan diferentes siempre ha parecido la barrera más grande para dar el siguiente paso, aunque hace años que la insinuación de uno u otro lado está ahí; y ella ha sido parte del camino de Polaroid desde que empezaron a trabajar juntos oficialmente, 6 años atrás, cuando todavía estaban en la universidad (Al menos, Simón y Martín lo estaban, porque él ni siquiera se graduó, pero ese es otro asunto).
No conoce una vida en general sin ella, pero específicamente a nivel laboral, sabe que todavía estarían pintando en la calle de no haber sido por su visión para los negocios y la fe inquebrantable que tuvo en que lograrían algo.
Complicar una relación laboral tan eficiente también parece una decisión muy estúpida, y sabe que lo más inteligente es minimizar lo que pasó. Habían bebido un poco, no fue para tanto. Ni siquiera llegaron al final del asunto, por más que eso lastime su hombría.
Con cualquier otra mujer, se encogería de hombros y diría que no fue nada.
Porque no fue nada. Nada de nada.
Excepto que, cuando ella se muerde el labio inferior de esa boca pornográfica grande y sensual a lo Julia Roberts, él pierde todo el hilo de sus pensamientos.
- Déjalo, trabajamos juntos. Era una estupidez de todos modos – Indica ella, cuando él se da cuenta que se ha quedado en silencio pasmado, procesando todo un río de ideas completamente imposibles de adivinar para ella – Debería irme a dormir. Buenas noches, JP.
Retira suavemente su pie de las atenciones de los dedos de él y se inclina para tomar ese par de tacones que parecen armas mortales y sin los que el borde de su vestido lame suavemente el suelo alfombrado de la habitación.
Es tan pequeña que él siente un deseo insensato de abrazarla y protegerla, aunque es tan avasallante que sabe que no lo necesita.
Ella ya va a medio camino de la puerta cuando los reflejos de él, alterados y lentos por el alcohol y las emociones, se despiertan lo suficiente para que la detenga. Envuelve su mano alrededor de la muñeca de ella, que es tan delgada que sus dedos casi se tocan del todo entre ellos.
- Espera – Le dice, cuando ella ya tiene la mano en el pomo de la puerta.
De manera ociosa, desliza la mirada a lo largo de su espalda descubierta, y sus ojos se enredan con las líneas de ese tatuaje provocador que le roba la cordura. Ella lo mira por encima de su hombro, y él pierde todo control de lo que sale de su boca.
- ¿Me dirás por qué?
- ¿Por qué, qué?
- Esa noche – Aclara él.
Ella se vuelve para mirarlo de frente. Sigue sin camisa, y ella tiene curiosidad por dibujar con la punta de sus dedos los tatuajes que el cubren el brazo derecho del todo. Sube la mirada para ver sus ojos, y trata de envalentonarse para decirle las palabras, pero la fortaleza le flaquea.
Por un segundo, se pregunta si jugar la carta de que no sabe de que habla, pero obligarlo a decirlo en voz alta sería una humillación sin sentido.
Esa noche, cuando llegaron la invitaciones a la Bienal, 4 meses atrás en el estudio de Polaroid, fueron los últimos en quedarse con la última botella de vino. Ella recuerda vívidamente la canción que bailaron, y cuando él la besó, pareció lo más natural del mundo, porque ambos estaban deseándolo desde hace tiempo.
Cuando sus manos se aventuraron bajo su blusa, ella se lo permitió. Le habría permitido lo que fuera, hasta que, cuando estaban ambos cubiertos nada más que con su ropa interior, la razón se impuso y ella se echó para atrás, y huyó sin explicarle nada.
Desde ese día, él hizo su misión restregarle en la cara que podría tener a la mujer que quisiera, y esa inmadurez flagrante de su parte la enfurecería más si no dejara en evidencia de manera tan desnuda que lo que pasó le importó, y el rechazo sin sentido de ella sigue siendo una herida abierta.
- ¿Me creerías si te digo que hay una razón que no tiene absolutamente nada que ver contigo y todo que ver conmigo? – Pregunta ella en voz baja.
- ¿Cómo que si me creería un no eres tú, soy yo? – Se burla él.
Ella suspira, porque decirle esto sin decirle nada en realidad va a ser imposible de un millón de maneras.
- Yo no…. – Balbucea – Prefiero no hablar sobre esto. Por favor, créeme que dar la vuelta esa noche es una de las cosas más difíciles que he hecho, y puede que me arrepienta muchísimo, pero me fui esa noche por una razón, y aunque esa razón no eres tú, sigue siendo muy real y lo siento muchísimo.
Él se queda mirándola, y ella se prepara para la explosión.
Para el momento en el que su personalidad demasiado sensible y un poco inestable de artista estalla, y le dice lo obvio, y es que esa explicación no explica nada, y sus disculpas parecen muy vacías sin una razón real.
Se pregunta si tal vez un rechazo abierto no habría sido mejor, y si él simplemente creyera que no sintió nada y todo fue producto del vino, por lo menos habría una explicación. Tal vez él la odiaría, pero tendría una razón.
Pero, aún con lo excelente que es controlando sus emociones, ella no quiere herirlo de manera innecesaria, así que esto es todo lo que puede darle.
Se sorprende un poco cuando él asiente una sola vez, como si estuviera acostumbrado al rechazo de algún modo, lo que no tiene sentido porque las mujeres caen a sus pies sin que tenga que esforzarse en lo más mínimo.
Libera su muñeca, y da un paso atrás para dejarla salir.
- Buenas noches, Val – Es todo lo que le dice.
- Buenas noches, JP – Responde ella con una pizca con impotencia, porque le gustaría que las cosas acabaran de otra manera.
Pero no existe otra manera, y esto es lo que es.
Así que da media vuelta y se va, porque al final siempre se va.
2
Ruinas
Territorios invisibles: la ciudad como manifiesto.
Pick se queda mirando el cartel enorme que decora la entrada de la Usina del Arte en Buenos Aires, y aunque el viejo edificio solía funcionar como una central eléctrica en el siglo XX, sus techos altísimos, paredes de ladrillo a la vista y vigas metálicas le dan ese aire entre galería y fábrica abandonada que resulta perfecto para reflejar el espíritu de Polaroid.
Se dejó la piel logrando que los chicos, un colectivo de arte demasiado ecléctico y con tendencia a incomodar demasiado, lograran ser el acto de apertura de la Bienal del Sur. Nunca estuvo más orgullosa de sí misma que cuando finalmente las negociaciones se cerraron, no solo con un cheque importante sobre la mesa para sus representados, sino con todo el circuito artístico latino reunido aquí esta noche, y con un ojo puesto en ellos.
Esta noche debería ser la cima de todo aquello por lo que han trabajado durante todos estos años, pero por alguna razón, no lo es.
Tiene una copa de champagne en la mano que en realidad no está bebiendo, pero se moja los labios con el líquido para no desentonar mientras ve a Simón acercarse a ella.
- Pareces una sirena, Pick – Le diche el mayor de los hermanos Rivas con una sonrisa mientras se inclina para darle un beso en la mejilla.
Aunque ella suele bromear con que tiene el cuerpo de una niña de 14 años sin muchas curvas ni ningún atractivo particular, se ha hecho muy buena eligiendo vestidos que la favorezcan, y el traje de etiqueta color vino que lleva esta noche hace un trabajo malditamente bueno como armadura, ayudándola a proyectar toda la seguridad que la niña de un barrio bajo de Medellín que fue alguna vez nunca tendría en un escenario artístico de élite como este.
Pero ella ya no es esa niña, y años de estudio duro y trabajo aún más inclemente en la capital la han traído hasta aquí, y aunque el arte de Polaroid se lleva el mérito, ella sabe que nadie estaría aquí esta noche de no ser por ella.
Así que estampa una sonrisa en su boca, que para esta noche ha pintado con un tono de lápiz de labios idéntico al color de su vestido y gira sobre sí misma.
- Gracias, mi cielo. ¿Tus compañeros? – Verifica, tratando de sonar casual.
- Están en el camerino – Responde Simón con un tono que, por primera vez, ella no logra identificar.
Simón es una de esas personas que tienen instinto maternal sin importar su edad, y su tendencia a preocuparse demasiado por el bienestar de todo el mundo hace que, con frecuencia, se olvide de sí mismo.
- ¿Comiste algo? – Le pregunta Pick, descolocando por completo a Simón.
- Eh…¿Qué?
- Que si comiste algo – Recalca ella.
- Un poco. Estoy muy nervioso – Se queja Simón.
Ella sonríe, y se levanta en puntas de pies para darle un beso en la mejilla.
Originalmente, terminó ligada con el universo de Polaroid porque se hizo inseparable con Martín, el hermano pequeño de Simón y tercer miembro del colectivo, en una electiva universitaria de dibujo que para ella solo era un respiro en el rigor de sus clases de Negocios internacionales, pero para él fue el contacto con el tipo de arte que quería realizar.
Se volvieron inseparables dibujando juntos, aún si para ella era un hobbie y para él su proyecto de vida, y debido a esa inesperada hermandad con Martín, conectó con JP y Simón, y años después, aquí están.
Sin embargo, siente el mismo tipo de cariño fraternal tanto por Martin como por Simón. Por mucho tiempo, se sintió de esa manera por JP, pero las cosas empezaron a cambiar….
Sacude la cabeza para enfocarse, y enrosca su brazo alrededor del de Simón.
- No tienes que preocuparte por nada que no sea brillar esta noche. Déjame conseguirte algo para comer, y me ocuparé de todo, ¿vale?
- No hace falta, yo….
- Simón – Lo interrumpe ella – Yo me ocupo. Tú brillas – Subraya ella.
Aunque le cuesta soltar el timón, se da cuenta de que Simón está tan vulnerable que al final cede.
Ella cruza un par de palabras con una persona de logística, que conduce a Simón hacia el catering de primera calidad, y se ocupan de que coma algo, porque solucionar es justo lo que hace.
Deja su copa de champaña intacta en la bandeja de algún mesero que va de paso y, cuando se asegura de que Simón está comiendo, se mueve de manera eficiente sobre sus tacones de 12 cm hacia el camerino, porque sabe que Simón vino a decirle algo, y aunque fue fácil distraerlo valiéndose de sus nervios, sabe que tiene que ponerse al frente de lo que sea que preocupó a la única persona sensata en este equipo, porque esta noche no puede salir de otra manera que no sea perfecta.
Abre la puerta del camerino preparándose para lo peor, y por un segundo la descoloca lo normal que parece todo.
Martín está sentado el sofá, ya con el mono de obrero salpicado de pintura que usan para estas cosas puesto. JP está sentado frente a una peinadora llena de bombillos como de estrella de Hoollywood que obviamente nadie ha usado, y una mirada superficial no revela nada acerca del motivo de la inquietud de Simón.
Ambos se vuelven en dirección a la puerta cuando la oyen llegar, y solo esa mirada superficial revela todo lo que no funciona.
Ya se ocupará de la botella de vodka que JP tiene junto a un termo de café, del que curiosamente siempre parece estar bebiendo. Pero ahora mismo, avanza hacia Martín, que simplemente está ahí sentado, y se inclina ante él. Toma sus manos y las aprieta entre las de ella, porque esta persona es como el hermano que eligió voluntariamente, y solucionar cosas es su especialidad, pero no puede solucionar si no sabe qué demonios pasa.
- Dímelo – Le exige.
- ¿Qué? – Le pregunta Martín.
Si alguien le pidiera decir algo que definiera a Martín, sería su sonrisa enorme con esos hoyuelos que lo hacen parecer un niño pillo, y achicarían sus ojos color caramelo. Nada lo definiría mejor que estarse riendo, incluso en los momentos más tensos, porque sacarle la cara amable a cualquier situación es justo lo que hace.
Pero ahora mismo, la mira con unos ojos vacíos y una expresión hastiada que ella nunca relacionaría con él. Por fuera, luce galante y guapo como siempre, pero detrás de sus ojos, algo va definitivamente mal.
- Dime qué consumiste. ¿Qué hiciste?, ¿Qué pasa?
- No pasa nada. Estoy bien. Me tomé dos shots de vodka para los nervios, nada más. Estoy bien – Repite.
Pero no está bien. Claro que no está bien.
Es el momento más alto de su carrera, y ella nunca lo había visto parecer una cáscara sin vida tanto como ahora, y tiene que ocuparse de tantísimas cosas esta noche que no sabe cómo manejar algo que ni siquiera entiende.
Este es el fruto del trabajo de su vida entera, ¿por qué demonios no está feliz?
Un chispazo de irritación atraviesa la columna de ella, porque se dejó la piel en negociaciones con curadores elitistas y esnobs para que ellos pudieran estar en el evento internacional de arte contemporáneo más relevante de Latinoamérica.
Solo para llegar a verlos a uno más destruido que el otro, tan abrumados por la fama y el reconocimiento, que evidentemente no están logrando manejarlo.
- Dime qué puedo hacer – Insiste ella.
- Solo quiero que esto se acabe e irme a casa, Pick – Responde él con una voz tan pequeña y rota que ella se pregunta si su ambición por traerlos hasta acá no ha hecho sino hacerles daño, y solo tal vez estaban mejor pintando murales en las calles de Bogotá por los aportes que su público dejaba en una gorra.
¿Cuál es el punto de todo esto?
Ella se levanta lo suficiente para traerlo entre sus brazos, y él la deja hacer sin devolverle el gesto. Aunque está ahí y se ha presentado para entregar su arte, parece tan anestesiado y ausente que Pick se pregunta si tal vez sería mejor que no hubiera venido, porque todo esto parece estarlo haciendo perder su alma, y ella no sabe cómo luchar contra el esfuerzo de dar la milla de más por ellos a nivel profesional y la necesidad de bajar un cambio para darles la oportunidad de adaptarse a la exposición, la masividad y los flashes.
Ella da un salto cuando siente los brazos de JP acunándola, y es tan grande que de algún modo parece envolverlos tanto a ella como a Martín.
- Vamos a hacer esto. Es lo que siempre quisimos – Señala JP con firmeza.
Martín asiente como para darle la razón, pero el gesto no le llega a los ojos.
Sube el rostro y deja un besito en la mandíbula de Pick, como si le agradeciera por algo, aunque ella no está segura de qué es lo que quiere decirle.
- Necesito un poco de aire. No me tardo – Indica Martín, y se desenreda del abrazo de sus amigos para salir de la habitación.
Solía irradiar una especie de energía estática que se le escapaba por los poros, como si no pudiera contener todo eso que bullía en su interior. Ahora, mientras ella lo mira abandonar el camerino, sus hombros lucen caídos, y su expresión revela la falta de sueño y algo aún más profundo que hace que sus ojos parezcan hundidos en sus cuencas, y que su cara bonita se vea arruinada por una desazón que ella quisiera entender pero no puede porque él tampoco se lo dice, y se pregunta si tal vez él tampoco entiende qué demonios es lo que pasa.
A ella se le escapa un suspiro tembloroso cuando Martín pasa por la puerta, porque esto no debería estar saliendo así.
¿La ambición por su propio éxito profesional se le fue de las manos y presionó más de lo necesario a estas personas que son como su familia?
- Val – Susurra JP mientras le rodea suavemente los hombros con las manos en una caricia extrañamente íntima que de algún modo resulta ser justo lo que ella necesita.
Aunque lleva puesto su mono de trabajo que huele a pintura (porque como una declaración de principios han elegido no presentarse con monos nuevos), debajo todavía predomina su olor, como a madera de pino y limón, algo tan intrínsecamente suyo que ella podría reconocerlo en cualquier lugar.
La trae con suavidad hacia su pecho, y ella se permite recargarse en él durante un segundo, solo para tomar fuerzas y rearmar sus defensas, porque tiene que enfrentarse al mundo entero por ellos esta noche.
- ¿Por qué no me dices Pick como todo el mundo? – Pregunta sin ningún sentido desde la calidez de su abrazo.
- Me dijeron que ese apodo te lo puso un ex.
- Así es. Era guitarrista en una banda, y solía decirme que era su pick de la suerte. Es una estupidez, pero el apodo se quedó.
- Siento que los apodos son una especie de tatuaje con tinta invisible que nos ata a esas personas que nos lo dieron. No me gusta que esté atada a esta persona.
Ella sube la mirada y, sin poder contenerse, le sonríe.
- ¿Qué clase de comentario posesivo de quinta es ese? – Se ríe ella, y él frunce el ceño
- ¿No acabo de hacer una declaración de intenciones muy romántica? – Se queja él, porque este juego también es uno que se ha vuelto habitual.
Decirse esas cosas que distan una vida de la amistad y siguen avivando una llama con la que ninguno de los dos sabe qué hacer, pero tampoco quieren dejar que se apague.
- No. Acabas de revelar un rasgo tóxico que odio, al que le seguiría un “eres mía”.
- Ah, me encantaría decirte eso – Suspira él.
- Mejor no, porque entonces tendría que decirte que ni siquiera lo pienses. Soy mía y nada más. No creo en medias naranjas porque no estoy incompleta, y no estoy buscando una mitad, así que guárdate las 15 cabras y el discurso medieval con el que estabas pensando comprarme, porque no voy a caer por eso.
Él niega con la cabeza y se ríe, porque ha vivido siendo un rompecorazones, y es refrescante que las fórmulas repetidas no le funcionen con ella, que es todo lo opuesto a eso que siempre ha buscado.
Ella se levanta y, como él continúa sentado, se da el lujo de mirarlo desde arriba.
Nunca han parecido más diferentes que ahora, que ella está usando ese soberbio vestido color vino, mientras que él está vestido con su mono de trabajo. Él encarna el espíritu artístico, la bohemia y la libertad, mientras que ella es una mujer de negocios hecha a sí misma, fuerte, estructurada y disciplinada.
Si lo intentaran, no lograrían ser más distintos, especialmente porque él nació en una cuna de oro de la que renegó hasta que la dejó, mientras que ella peleó con uñas y dientes para sacudirse su origen humilde que se empeñaba en encasillarla en un espacio que siempre le quedó pequeño, y ahora ha escalado justo a ese sitio al que él nunca quiere volver.
- ¿Cuánto tomaste? – Le pregunta ella sin muchos preámbulos.
- Solo un par de shots.
- ¿Por qué?
- Estoy nervioso, nada más.
- ¿Estás seguro?
Él traga saliva, porque eso es una verdad a medias.
Sí que está nervioso por salir a una pintada en la maldita inauguración de la Bienal del Sur ante toda la industria a la que tanto les ha costado entrar, pero la realidad es que, tras ese par de shots, las charlas fluyen mucho mejor, y propulsado por el vodka que le corre por las venas, es más gracioso, divertido y simpático ante las cámaras.
El pánico en escena que le coarta la creatividad ante tantas miradas que podrían juzgarlo desaparece, y se siente capaz de ser justo quién debería ser.
Eso no es un problema, así que decide no cargarla con más preocupaciones, porque Martín ya está haciendo ese trabajo estupendamente por todos.
- Sí, solo eso – Confirma.
- ¿En algún momento de verdad quisieron esto, o solo era yo tratando de probar que puedo ser algo más que….? – Se le corta la voz, pero él sabe cómo terminaría eso.
De manera totalmente absurda, la familia de ella la desdeña por no haber seguido la norma de quedarse en su barrio marginado y apoyar a sus padres (que de todos modos reciben gustosamente la manutención mensual que les envía). En un giro irónico, ambos han sido juzgados por su familia por elegir el camino que querían recorrer, y resulta totalmente casual que, aunque hayan tomado decisiones diametralmente diferentes, de algún modo sus historias se encuentren en ese punto.
- Eres una representante feroz, y tenemos mucha suerte de tenerte, Val. Claro que queríamos esto. Todavía lo queremos – Se apresura a puntualizar él – Solo….puede que nos tome un rato adaptarnos.
- ¿Adaptarse?
- Esto está lleno de luces con cables escondidos para que parezca que flotan. Los ladrillos están pintados para parecer rústicos. Hasta la mugre aquí es falsa y está curada. Todo se siente falso. Sí que queríamos esto, pero va a tomar un rato entender esta industria en la que el arte es una moneda y no nuestra alma, y ya no hay olor a calle y la ciudad ya no nos vibra en las venas.
- El olor a calle no les pone comida en la mesa, JP.
- Sé que no. Pero, poco rentable o no, era lo que amábamos. No digo que esto esté mal. Solo…. – Hace una pausa, porque él mismo está dividido entre la euforia de haberlo logrado y la desidia por lo artificial que se siente todo – Tenemos que adaptarnos. Pero vamos a salir ahí a dejar el corazón. No te vamos a defraudar, Pick.
Ella sonríe al oír ese apodo que se ha vuelto tan suyo a pesar de que nació de una persona que ni siquiera importa ya, y en cierta manera eso la define, porque todas esas personas que salieron de su vida le dejaron algo que ella ha convertido en grandeza,
Así que le da una sonrisa radiante que se siente real por primera vez en las últimas horas, y como recargada de nuevas fuerzas, se pone de pie dispuesta a comerse el mundo.
- Vamos a hacer esto – Asegura.
- Vamos a hacer esto, Pick – Le sonríe él, y ese apodo en su voz es una declaración de algo más.
Ya no le importa reclamarla como suya, porque acaba de descubrir que lo que le gusta de ella es que sea tan de sí misma, porque ahí radica toda la luz que hace que él quiera descifrarla.
Ojalá supiera por donde empezar.
--------------O--------------
Su instalación para esta noche es una pared desmontable que van a intervenir con capas de aerosol, aunque ya ha sido tratada con capas de cemento y metal corroído para darle textura, y emular el ambiente urbano en el que empezaron.
Uno de los elementos más hermosos de Polaroid es la manera en la que, aunque empiezan a trabajar de manera independiente siempre, la composición que los tres realizan se encuentra al final en una pieza final contundente y hermosa.
JP sonríe cuando, en contra de los planes (que habían acordado suceder en silencio, para honrar el sonido icónico de los aerosoles al ser sacudidos y expulsados de sus latas), tras los primeros minutos en los que ellos crean una especie de música al agitar los balines en sus latas, empieza a sonar una canción.
Ey, qué te pasa Buenos Aires, es con vos
No es la tecno ni el rock
Es tu parte que vos no conoces
Cuidado la conozco yo
Sabés que va a ser lo mejor
Cuando estes así
Sacate el diablo de tu corazón….
La vos de Fito Páez clama por sacarse el diablo del corazón, y de alguna manera las palabras se meten debajo de su piel y lo transforman.
Aunque es lo suficientemente profesional para no mirar hacia atrás y verificar, sabe que esa canción es obra de Pick, que sabe exactamente cómo meterse en el alma de todos, simplemente porque los conoce demasiado.
Pero, aunque Martín hace justo lo que debe, las alarmas finalmente empiezan a sonar cuando JP se da cuenta de que pinta de manera robótica, sin seguir ese instinto que lo ha hecho el más remarcable de los tres y el único capaz de moverse sin problema entre las formas de arte más clásicas y de vuelta a las contemporáneas.
Ni siquiera esa música que suele estar tan suya logra despertar el espíritu de su amigo, y por fin JP tiene que admitir que algo pasa, aunque Martín no parece capaz de definir lo que sea que está mal.
A JP no se le pasa por la mente que, a lo mejor, algo tampoco está tan bien consigo mismo, y el alcohol ha dejado de ser un comodín, y se ha convertido en una herramienta sin la que no sabe como funcionar con la misma naturalidad.
3
Una pared
Cuando terminan de pintar, el público estalla en aplausos, y esta vez debería significar algo más, porque ese público está compuesto por críticos, curadores y compradores de arte a los que les importaría un comino no reconocer su trabajo, pero ese aplauso significa que, aún rotos como están, finalmente lo lograron.
Se toman de las manos y se inclinan ante su audiencia mientras la ovación sigue, y casi de oye el rascar de las plumas de los críticos sobre sus libretas, que mañana tendrán todo que decir acerca de esta muestra que, por como se ve todo, ha sido un éxito.
A lo mejor deberían estar más preocupados porque la obra que menos refleja quienes son porque está hecha para agradar y probar algo, sea justamente la que más impacta a la crítica. Aunque recuperan sus raíces urbanas, y su trabajo de esta noche es una crítica política muy clara a la que han llamado “Ciudad reversible”, de algún modo JP no tiene ni idea de qué se trata lo que acaban de pintar, aún si se ha esforzado con todo lo que tiene en sentirlo y darle algún significado real.
Lo más salvaje del asunto es que los hacen pasar a una rueda de prensa ni bien terminan, y esa sensación de ser tratados como estrellas de rock debería ser más bienvenida, y en cambio se siente agresiva e insensible con el trabajo que acaban de realizar. JP se desconecta de todo el asunto, y Martín parece que ni siquiera está ahí, así que es Simón quien se ocupa de hablar.
Un curador argentino, de traje impecable y sonrisa entrenada, finalmente hace la pregunta que trae de vuelta la atención de JP.
- Impresionante trabajo, chicos. Me interesa mucho esa mezcla entre decadencia y esperanza. ¿Dirías, JP, que es una metáfora del renacer urbano?
Lo sorprende que la pregunta vaya directamente dirigida hacia él, especialmente porque no tiene una respuesta y ni siquiera sabe muy bien de qué están hablando. Aún así, se esfuerza por responder.
- Diría que es una pared – Es todo lo que se le ocurre decir al final.
Porque eso es. Una pared.
Para ser precisos, una pared falsa que desmontarán y enviarán de vuelta a Colombia cuando todo esto termine, y que solo hace que lo que acaban de hacer se sienta un poco más vacío.
Para su sorpresa, el público se ríe, como si acabara de soltar una ironía super inteligente, aunque ni siquiera estaba intentando ser gracioso.
Lo que no resulta una sorpresa en absoluto es que Pick intervenga con la diplomacia que ha aprendido del caos de las cámaras y la prensa, porque a lo mejor a ellos les está costando adaptarse, pero ella es tan camaleónica y capaz que lo ha logrado en un parpadeo.
- La obra habla de la resiliencia de nuestras ciudades latinoamericanas que, a pesar de las crisis que solo se cambian unas por otras en lugar de acabarse, se reconstruyen desde sus propias ruinas – Interviene ella, que está de pie ligeramente detrás de la mesa que ocupan ellos tres en el centro de un escenario pulcro y perfecto.
Porque claro que todo es pulcro y perfecto.
El curador asiente, satisfecho; y JP se desconecta un poco más, sobre todo porque no tiene idea de cómo podría responder a esas preguntas con la diplomacia que lo hace ella, porque de la única forma que sabe hablar de su arte es con las entrañas, y sabe que estas personas no apreciarían esa visceralidad de su parte.
Cuando finalmente la rueda de prensa se acaba y pueden salir de ahí, bajan del escenario en completo silencio.
Solían abrazarse y reír al final de una pintada, pero esta noche no hay nada. Martín les pasa por el lado y desaparece entre la gente y Simón se queda ahí parado como quien ha fracasado a pesar de haberlo hecho todo bien.
- Gracias por traducirme – Dice JP, acercándose a Pick que está allí de pie, observando a Martín alejarse.
- De nada – Responde ella – Pero al menos intenta no sabotearte.
- Solo intento no mentir tanto. ¿Te das cuenta? Acabamos de pintar una pared falsa. Literalmente falsa. Todo este escándalo y solo es madera pintada.
Un mesero super gentil se acerca con una bandeja llena de copas y él toma una sin siquiera verificar qué tiene adentro, con la naturalidad de quien no se detiene a pensar en el gesto. Ella declina. Él se queda mirando la pared que acaban de pintar al otro lado del salón, y por primera vez su arte lo deja impasible.
Toma un sorbo de su copa (que resulta ser vino), y parece reflejar las luces del salón de una manera tan bonita que le despierta el instinto de pintar algo real.
Solo una mirada de reojo superficial le indica que ella lo está observado con censura.
- Solo es un vinito de celebración – Se adelanta, antes de que ella diga cualquier cosa.
- Parece que te tomas muchos “solo un vinito” – Comenta ella, y él le devuelve una risa desganada y blanda de quien le da la razón como a los locos solo para no discutir.
- Tranquila, no voy a hacer un show ante el distinguido público.
- ¿Crees que es eso? Ni siquiera te das cuenta de que cuando tomas te pierdes. Y no sé si te das cuenta, pero estás cada vez más perdido incluso sin ayuda del alcohol.
Él siente la sangre hervirle debajo de la piel, porque ha renunciado a toda la vida que conoció justo para encontrarse, y que ella le diga eso es injusto de tantas maneras que ni siquiera puede contarlas.
- Eres una gran mánager, Val. Que bueno que manejas a Polaroid y nos has traído hasta este lugar donde todo brilla con luces falsas. Pero hay una cosa que no puedes manejar aunque quieras, y eso es mi vida.
No le da oportunidad de responder o decirle algo, sino que apura la copa de vino y la rodea para dejarla atrás, porque esta insinuación de que él es un borracho se está volviendo vieja y cansina, cuando todo lo que ha hecho es tomarse una copa para palear los nervios y la desazón de este lugar desconocido al que han llegado, y no es para tanto.
Claro que no es para tanto.
Solo un par de copas y nada más, y no es que no pueda controlarlo.
4
Sácate el diablo de tu corazón
El centro de la negociación que hizo Pick para la apertura de la bienal era que le permitieran abrir una sala únicamente con el trabajo de Polaroid, porque si algo sabe es que, después de verlos pintar en vivo, la gente quiere un poco más, y no se equivocó.
Venden todas las piezas que llevaron esa noche, salvo por un par que son canjeadas con galerías de renombre en las que definitivamente les conviene estar.
Ella se pierde la cena posterior a la apertura por estar al pendiente del asunto, y hacer malabares para poner a Simón aquí y allá con la prensa o el comprador que esperar cruzar algunas palabras con ellos o conocer un poco más de su obra.
Y por “ellos” se refiere a Simón y nada más, porque no sabe dónde demonios está Martín y no tiene ganas de lidiar con JP y sus borracheras sutiles ahora mismo, porque podrán estar tan inconformes como malditamente quieran, pero esta noche ha marcado un antes y un después en su carrera, y ella se encargará de abrirles todas las puertas para que entren a donde finalmente decidan.
Por eso, cuando finalmente la noche llega a su fin, ella está hambrienta, agotada y malditamente orgullosa de sí misma.
Simón, que ni siquiera tuvo tiempo de cambiarse de su mono de trabajo, le da una sonrisa y envuelve su brazo con el de ella.
- Gracias, Pick. No se lo decimos lo suficiente, pero esto fue…. – Sacude la cabeza y hace un gesto como de explosión, y ella se ríe, porque también siente esa euforia por lo que lograron bulléndole en el pecho – Ahora, vamos a descansar, ¿si quiera ha comido algo?
- Me alimento de éxitos, muchacho – Bromea ella, pero definitivamente está de acuerdo con que es hora de salir de estos tacones y dar por terminado el día.
Estrechan manos y fijan las últimas citas de camino a la salida, en donde ya los espera el auto con chofer que ella contrató para esta noche, porque entiende que en el circuito artístico la imagen lo es todo, y por eso mismo va a tener una charla muy larga e incómoda cuando JP y Martín cuando finalmente asomen sus cabecitas asquerosas de cualquier agujero al que han ido a esconderse por esta noche.
Ella recarga la cabeza en el espaldar de la silla mientras escucha a Simón hablar a los gritos con su novia por teléfono, porque decidieron ahorrarse el dinero de los pasajes de ella porque tienen el proyecto de finalmente mudarse juntos. Pick los adora a ambos y su felicidad siempre la hará un poco feliz, pero no puede negar que, mientras escucha a Simón compartir su alegría y maquillar todo lo que no ha salido tan bien para que Jo no se preocupe por nada; Pick se siente total y absolutamente sola.
Las luces de esta ciudad enorme y vibrante pasan borrosas al otro lado de la ventana, y se da cuenta de que no es que Buenos Aires sea borrosa sino que sus ojos están vidriosos por la falta de sueño y el cansancio, así que finalmente los cierra.
…..Solo para que su celular elija ese momento para sonar, haciéndola dar un respingo. Ni siquiera alcanza a decir una palabra de saludo cuando una voz histérica le grita del otro lado. Sabe que se trata de Andy, la novia de Martín, porque el identificador de llamadas se lo ha dicho, pero está gritándole y llorando con tanta fuerza que Pick no entiende una sola palabra.
- Andy, respira. No te entiendo nada. Dime qué pasa – Le pide Pick, pero se sienta con la espalda recta, porque este nivel de histeria por parte de Andy, la persona más dulce y tranquila del mundo, solo quiere decir que algo ha ido horriblemente mal.
Se oye un estruendo y un revuelo, y luego una voz desconocida.
- Buenas noches, señorita. Soy el Teniente Restrepo de la Policía de Buenos Aires. Hemos acordonado el exterior de su hotel, porque hay un joven en aparente estado de embriaguez que ha subido al techo y amenaza con saltar. La señorita Andy nos ha indicado que se trata de Martín Rivas, y que usted…..
Pick no escucha el final. Ni siquiera le importa.
Ella sabía que algo iba mal. Todos lo vieron, y aún así se dejaron llevar por la vorágine de este evento y todos sus pequeños problemas mundanos, seguros como estaban que solo era una pataleta o una cosa pasajera, y ella no tiene idea de qué demonios pasó esta noche, pero ahora este hombre a quien ama como un hermano está a punto de cometer una locura, y ella no puede evitar sentir que es su culpa por la forma en la que lo presionó.
Los oídos le pitan y le impiden escuchar, aunque muy claramente Simón le está preguntando qué le pasa, alarmado por lo que ella se imagina que es su cara de horror.
- Pare el auto – Le dice al conductor entre dientes, pero obviamente no la escucha - ¡Pare el auto! – Grita esta vez, dando rienda suelta a la histeria desbocada que le revuelve todos los órganos dentro del tórax.
El vehículo ni siquiera ha frenado del todo cuando ella se deja caer por la portezuela y vomita todo el contenido de su estómago que resulta no ser casi nada, así que solo se encuentra haciendo arcadas sin lograr respirar bien, y sintiendo como si fuera a vomitar todo lo que tiene por dentro hasta quedarse vacía del todo.
- ¡Pick, ¿Qué pasa?! – El mundo se reconecta como si fuera un televisor viejo que por fin ha encontrado señal, y ella escucha la voz de Simón que le grita.
Vuelve a oír el ruido del tráfico, su propio celular que ha vuelto ha sonar.
Se limpia la boca con el dorso de la mano y se inclina para desabrochar las correas de sus sandalias de tacón. Primero una. Luego la otra.
- Si corremos en línea recta desde acá hasta el hotel llegaríamos más rápido que siguiendo el trazado de las calles en el auto…. – Razona para sí misma, porque razonar es la única forma que conoce para enfrentarse a una crisis.
Solucionar es a lo que se dedica y en lo que resulta ser muy, muy buena. Es salvaje ante una mesa de negociación, y encontrar las opciones que la lleven a ganar resulta ser lo que hace mejor, porque sabe mantener la cabeza fría, y eso es lo que tiene que hacer en este momento. Mete sus sentimientos en una cajita sellada y cerrada con cinta que apenas aguanta y está a punto de romperse por los bordes, pero los deja ahí adentro y respira una vez. Dos veces.
- Tenemos que llegar al hotel. Ya – Puntualiza mientras se baja del auto.
Dice mucho acerca del nivel de confianza que le tiene que Simón la siga sin hacer preguntas cuando ella rompe a correr descalza por una acera, dejando la puerta del auto abierta tras de sí.
Agradece que Simón no le pregunte nada, porque ella no está muy segura de que sea capaz de explicarle qué está pasando sin romperse, y no puede permitirse ese lujo ahora mismo. De todas las cosas que ha solucionado y traído a buen puerto, nunca hubo una más importante que esta, y ya entenderán que se metió o qué es lo que le está pasando a su hermanito, pero ahora mismo, tiene que salvarlo.
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La carrera hacia el hotel es un borrón, y aunque ella tiene una buena forma de corredora que entrena regularmente, sus pies están arañados y lastimados por hacer el recorrido descalza, pero ni siquiera puede sentir el dolor.
La adrenalina ha reemplazado el shock, y el afán por resolver este asunto se impone por encima de todo, porque siente que, si ella no lo hace, nadie más lo hará.
Sin estar muy segura de cómo llegó hasta ahí, de repente está ante el hotel. Es uno de cadena de 24 pisos, y la calle está cerrada por carros de policía con las sirenas encendidas. Hay una ambulancia aparcada en doble fila, y mucha gente que exclama cosas que ella no se molesta en encender.
Las luces la dejan ciega durante el momento que le toma mirar hacia arriba, y efectivamente ahí, muy, muy alto, recortado contra el cielo nocturno salpicado de estrellas, se recorta la figura de un hombre parado en la cornisa.
- ¡Martín! – Grita sin pensarlo y por puro reflejo, aunque claro que él no puede oírla y su voz se pierde entre las sirenas y los murmullos de la gente.
Se da cuenta de que acaba de anunciarle a Simón lo que está pasando de la manera más cruel e insensible posible, así que no es ninguna sorpresa cuando él se lanza contra los policías que acordonan la puerta e intenta pasar a punta de fuerza bruta, solo manoteando y gritando el nombre de su hermanito.
Ella, en cambio, se detiene junto a quién parece estar al mando y le explica quiénes son. Que, si hay alguna posibilidad de que Martín baje de ahí, los tienen que dejar subir.
Aunque no muestra ninguna prueba física que constate lo que está diciendo, los dejan pasar.
Simón sale como una tromba y se lanza corriendo escaleras arriba, pero ella espera el ascensor hasta el último piso, y por supuesto que llega antes que él.
Cuando las puertas metálicas se abren en la azotea, siente que el corazón le está latiendo en la garganta, y las piernas le tiemblan tanto que no tiene idea de cómo sigue de pie.
El viento la golpea cuando sale del elevador y es tan fuerte que no tiene idea de cómo es que él se mantiene en equilibrio con la botella que tiene en la mano. Hay un equipo de primera respuesta de pie a una distancia prudente, con una negociadora que intenta razonar con él, aunque obviamente Martín no la está escuchando.
Solo mira hacia abajo como si el mundo ya le quedara demasiado lejos.
- No se acerque – La detiene un policía cuando ella da un paso en dirección a Martín.
Cuando ella lo ignora, el hombre la restringe físicamente.
- Martín – Lo llama ella desde los brazos del policía.
Su voz parece sacarlo del trance, y por fin levanta la cabeza y la mira. Por un segundo, su expresión es la de siempre: tranquila, un poco perdida, casi amable. Pero por debajo de todo eso, ella le ve las pupilas enormes que le indican que está drogado y las lágrimas que le bajan por la cara aunque él ni parece darse cuenta de que está llorando.
- No tenías que venir – Murmura él, aunque se vuelve para seguir mirando la ciudad.
- Claro que tenía que venir. Siempre voy a venir.
La negociadora de los bomberos (que obviamente no estaba logrando nada con Martín), le dice al policía que la suelte, y Pick avanza dos pasos cautelosos en su dirección. El viento hace que el vestido se le pegue a la piel y le lanza el pelo a la cara, pero ella se lo aparta con desesperación para mirarlo entre el silencio denso que se ha instaurado entre los dos.
- Martín, mírame – Le pide suavemente, aunque se da cuenta de que él la oye entre el silbido del viento – No mires abajo. Mírame.
- No sé que me pasa, Pick – Responde él en un susurro – Pero no quiero esto. No lo quiero, y estoy cansado.
Ella siente que se le quiebra el pecho, pero sus ojos se mantienen secos, porque negociar es lo que hace mejor, y no va a perder justo ahora.
La puerta se azota cuando Simón la abre de un golpe, pero el policía lo retiene. Pick ni siquiera se vuelve para mirarlo, y la sorprende un poco que, en medio de su desesperación salvaje, Simón no grite ni haga nada cuando ve que ella se está acercando a Martín.
- Entonces te presto mis fuerzas – Responde ella, y se tiene que aclarar la garganta porque la voz le suena rota del todo – Solo baja. ¿Te acuerdas de esa canción de Fito Páez que te gusta? Sácate el diablo de tu corazón, mi niño lindo.
Extiende una mano hacia él, invitándolo a la seguridad a este lado de la cornisa.
Él cierra los ojos un segundo. Dos.
- La puta madre que nos re mil parió, ¿por qué nos cuesta tanto el amor? – Pick se sobresalta cuando escucha a una persona cantando la canción que acaba de citar justo a sus espaldas, como si alguien le hubiera leído la mente, pero todo cobra sentido cuando se da cuenta de que se trata de Simón – Yo quiero ver tu risa, y besar tu boca, sácate el diablo de tu corazón….
Fito Páez sonaba todo el tiempo en su casa cuando eran niños. Siguió sonando en las mesas de cemento de la universidad en las que hacían tareas de dibujo técnico y Pick subrayaba algo en un libro de negocios en inglés. Todavía sonaba de fondo en sus primeras pintadas. Cuando se enamoraron y cuando les rompieron el corazón, y el hecho de que Simón no diga nada en sí, pero solo cante esa canción como un cable a tierra es la declaración más grande de que hay a sus espaldas una vida vivida que ha sido fenomenal y también agridulce, pero queda aún mucho más por delante, y el mejor momento siempre estará por venir.
Con cautela, la voz suave de la chica bombero se une a la canción, y luego, también la del policía. Es un canto desafinado y un poco roto, y ella se pregunta si en la mente de Martín esas voces que le cantan son una despedida o un grito de esperanza.
Ella ve exactamente el momento en el que se rompe en un sollozo que suena más como un cachorro perdido. Sus dedos rozan la punta de los de ella cuando él extiende la mano, y ella no necesita más.
Lo toma por la muñeca y lo jala hacia el interior de la azotea con tanta fuerza que ambos caen al suelo, y un dolor sordo en su cadera finalmente la hace consciente de que lo ha traído consigo, pero por primera vez no se siente como si hubiera ganado nada.
Cuando lo abraza, es como si todo el aire del mundo regresara de golpe. El cielo se abre en una tormenta repentina, y las gotas se mezclan con las lágrimas de ella cuando finalmente caen, y empieza a temblar con tanta fuerza que no tiene idea de si ella sigue sosteniendo a Martín o es él quien la sostiene a ella.
El personal de primeros auxilios interviene de inmediato y la alejan gentilmente, aunque tampoco tienen que hacer mucho, porque todas las fuerzas la han abandonado, y cae desarbolada cuando le arrancan a Martín de los brazos y lo suben a una camilla.
El agua le moja su vestido de princesa cuando ella se encoge en el suelo mojado, y finalmente llora.